01 Oct En Ejido es la cosa
Considerada por muchos el gran
dormitorio de Mérida, la ciudad de Ejido cada vez se integra más, con voz
propia, a nuestra vida cotidiana. A escasos 15 minutos de distancia del centro
histórico de Mérida, Ejido ha sido muy afortunada en eso de tener lo que una
ciudad requiere para desarrollarse, iniciativas ciudadanas muy valiosas e
identidad propia.
De verdad, no deja de ser un pedazo interesante de la ciudad, aunque exige
respeto a sus costumbres y, como no, a su manera de hacer las cosas.
Sin embargo, no es un pueblo aislado;
gracias a excelentes vías de comunicación y cierta tozudez de sus habitantes,
Ejido crece y obtiene los beneficios de su crecimiento de quienes se esmeran en
darlos.
Era solo cuestión de tiempo, pues,
que buscáramos la vuelta para llevar nuestras alforjas hasta allá. Ese momento,
por suerte ha llegado de la mano de nuestro mediador de lectura, el señor Pedro
Maldonado, monitor de lectura y conocedor en profundidad de los “vericuetos”
por donde debíamos lanzarnos a esa carrera; eso obró el milagro: Bibliomulas ha
llegado a Ejido.
Por ahora sin Canela, porque
transportarla es muy engorroso (no podemos ponerla a caminar entre Mérida y
Ejido así nada más…) los viernes empiezan a ser el día de lectura en
comunidades de Ejido. Hemos empezado en el sector Bella Vista, a la entrada de
la calle Lara gracias a la gentileza de la profesora Virginia Rivas, quien
sirve de perfecta anfitriona en su casa a los niños que desean beneficiarse libremente de nuestras alforjas, pasar un buen rato y, además, tener la guía de
educadoras de postín, como las profesoras Alba Rondón y Libia Navarro.
Por lo pronto, estaremos evaluando
comunidades y propiciando el trabajo de compartir lecturas en entornos lúdicos
de aprendizaje; más tarde evaluaremos también, la posibilidad de poner al
alcance de sus manos todos nuestros otros proyectos.
Con Ejido, suman 4 las comunidades
foráneas que atendemos regularmente, todas en puntos equidistantes del estado Mérida.
A este universo debemos agregar las comunidades urbano/rurales que hace años
reciben a Canela, la Ludoteca Gabriele Sanies y las alianzas que nos permiten
trabajar con la Fundación Don Bosco y el Jardín de la Esperanza y podemos
sentirnos satisfechos.
Con nada trabajamos mucho; de eso se
trata.



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