09 Sep Más que ponerlos a juntar letras
40 años de labores
docentes, muchos de los cuales ha alternado con la forma más libre de hacer
teatro, le ha permitido a Pedro
Maldonado desarrollar una manera muy particular de entenderse con niños en edad
escolar; lo hace ejerciendo lo que él considera las dos cuerdas sobre las que se
soporta el trabajo en el aula: guiatura y espacios para que el niño dé rienda
suelta a sus deseos. Por eso, sus años en Bibliomula han sido definitivos para
la solidificación del proyecto.
Pedro es el
responsable de las jornadas de mediación lectora que, desde hace 5 años, llevamos adelante en diversas comunidades de
la ciudad de Mérida. Sus acompañantes son la mula, el mulero y las alforjas de
libros y, para muchos de los niños que
habitan en El Rincón, Los Pinos, El Caucho, Las Cuadras, San José de las Flores
o Pie del Tiro, su cara es tan familiar como la del amigo que viene cargado de
buenas noticias.
Esas noticias
han sido puestas a prueba duramente estos meses en que hemos sido obligados a
detener un poco el trote de la mula, debido a la emergencia sanitaria que se
desarrolló en el mundo por la aparición del COVID 19, y las medidas de bioseguridad que hubo que
poner en práctica, motivando – entre otras cosas – el cierre de escuelas y la
implementación de modalidades novedosas e inéditas para hacerle llegar a
alumnos de todos los años del sistema educativo, los conocimientos necesarios para el avance de
sus programas.
Bibliomulas
se acogió al mandato porque además lo consideró apropiado y necesario. Era
menester tomar medidas y sigue siéndolo. De modo que, con el objetivo de poner
a buen resguardo tanto las personas que forman la gran familia Bibliomulas como
las familias de los niños que atendemos y a ellos mismos, nosotros también le
pusimos un freno a las actividades diarias y como no podemos, por la estructura
misma de nuestro programa, diseñar
sucedáneos virtuales, aprovechamos el tiempo para poner orden en muchas cosas
pequeñas que requerían un poco de atención e inventar nuevas formas de
acercarnos a nuestras comunidades.
Durante ese
proceso, la impronta de Pedro Maldonado sirvió mucho para nuevas formas de
entender lo que hacemos. Enseñar el placer de la lectura, que es nuestro reto,
requiere señuelos. Es simple: vamos a estar claros en el hecho de que casi ningún
niño – ni siquiera aquellos cuyos padres
tienen la lectura en el hogar como hecho cotidiano – prefiere un libro a
uno de los muchos juguetes tecnológicos que tiene a su alcance; por eso,
despertar su interés y encontrar fórmulas “mágicas” para llevarlo hasta el
libro es una tarea bien pensada por el mediador de lectura.
En el caso
que nos ocupa, tenemos la suerte de que contar con un avezado hombre de teatro
cuya carrera ha estado centrada mayormente en teatro de calle y teatro para
niños y adolescentes. Sin duda que tenemos en él una valiosa herramienta pues
no hay, probablemente, mejor señuelo que el juego del teatro: de
muchos modos, todos, cuando somos niños,
soñamos con el escenario. Es más, el teatro y sus características hacen parte
de terapias destinadas a superar timidez, desarrollar capacidades de
relacionamiento social e interacción y es parte de técnicas de aprendizaje y
enseñanza desde los primeros tiempos de la escuela. De hecho, el maestro es un
gran actor de la cotidianidad.
Eso lo sabe
Pedro Maldonado y esa ha sido la estrategia puesta en práctica para llevar,
como un flautista perdido en Hamelín, nuestros niños al libro.
Esa también
la estrategia que hemos repetido en las ampliaciones del programa Bibliomulas
que con éxito se ha implementado en otras localidades del estado Mérida. La
verdad, no podemos quejarnos para nada. Este particular año no ha sido de
“reinvenciones” ya que si hubiésemos tenido que “reinventar” algo tendríamos
que empezar por admitir que lo que existía no era bueno; pero, ciertamente ha
sido un año de retos especiales a los que nuestro equipo ha sabido salirle al
paso.




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