10 Sep MORICHALA, La mula de los libros
Pudo haber sido, como la mayoría de
su especie, destinada a las labores del campo. Es allí donde mejor se le
reconoce y donde ha permanecido desde tiempos inmemoriales; pero, nuestra mula
tuvo mejor suerte, Morichala fue escogida para llevar en su lomo el gusto por
el aprendizaje y ser la protagonista de un proyecto ideado para sensibilizar a
niños y jóvenes en la apreciación de las vivencias que les dejan los libros que
han leído.
La mula es un animal que tiene
diferencias muy importantes con el burro, la principal es que generalmente es más
grande, fuerte y fácil de criar, por lo
que ha sido la preferida para los criadores. Eso lo saben muy bien en los páramos
andinos y en general, en las zonas rurales de Venezuela; por eso su
escogencia. Las mulas son el animal por
excelencia de nuestras montañas, por lo
tanto, resulta fácil para los niños de los pueblos más apartados relacionarse
con ellas; además, es imagen de buena noticia: las mulas son animales de
labranza, los que ayudan a sembrar, participan de la cosecha y transportan el
alimento y sus ganancias. En estas tierras impregnadas de un atávico bagaje de
creencias ancestrales, que la mula lleve libros, no es más que una extensión de su buen
talante. Las mulas son animales tan seguros y leales que son capaces de
enfrentarse a un león de montaña y defender de él a su jinete.
Morichala no es distinta,
acostumbrada a duras faenas, es capaz de recorrer el camino a La Loma de la
Virgen Alta en el municipio Libertador del estado Mérida, a 1600 metros de
altura sobre el nivel del mar, como las calles escarpadas del Rincón, para hacer hace suyo el proverbio árabe que
dice «Libros, caminos y días dan al
hombre sabiduría»
Lleva pesadas alforjas de
conocimiento a los pueblos más
escondidos de Mérida porque conoce bien sus intrincados caminos, inmensos desfiladeros y sus recorridos a pie
de montaña; pero, lo hace también porque es increíblemente segura; cuando
camina al borde del precipicio es una metáfora de vida que parece intencionada;
tal vez para enseñarnos con su ejemplo alguna lección de fortaleza y desafío
que podamos haber olvidado.
Pensar que ese mágico proceso
empieza a lomo de un animal tenido por ignorante es bastante aleccionador.
Morichala nos ha brindado días llenos de magia, de anécdotas, de experiencias
inolvidables; pero, sobre todo, nos ha
brindado días de inquebrantable lealtad y servicio, días incansables en los que
su presencia ha dado pie a aprendizajes que difícilmente pueden ser superados.
Esa quizás sea la razón por la
que, a pesar de las difíciles circunstancias que atravesamos, insistimos en
seguir adelante con esta idea que posiblemente deba ser replanteada por un
tiempo, cosa que lamentamos. Un día de trabajo, en la escuela, sin la compañía
de nuestra querida Morichala era impensable hasta no hace mucho tiempo; pero,
el mundo decidió cambiar de repente y nos pidió darle descanso a la mula por
unos meses. Lo hacemos de buen grado porque creemos que lo merece, después de
todo; pero, anhelamos volver a lo que somos: una alforja de libros a lomo de
mula, persiguiendo los sueños de muchos
jóvenes merideños.



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